Estoy en un pintoresco pueblo de Perú eligiendo comida vegetariana en un lugar orgánico y el amigable barcelonés que me atiende me ofrece Quiche. En el instante me remonto a la primera vez que escuché esa hermosa palabra francesa y probé ese sabor de uno recién hecho; fue el día que nos escapamos al extremo más meridional del continente africano sólo por el afán de contemplar el punto de unión entre los océanos Atlántico e Índico.

Una hermosa sensación la de mirar al sur y saber que no hay nada más entre uno y la Antártida.

Y es que así son Cheyenne, Freya, Rachel y Florence: son mar, son sabor, son encuentro, son luz, son fuerza, son libertad. Son Inglaterra, Alemania y Francia (en ese orden), o bien lo que tenemos de cada uno de esos países en el imaginario colectivo, y a la vez son Mi Nación: una que se va formando con todas aquellas personas que no se olvidan de dónde vienen y que a su vez honran adónde van.

Reflexiones_de_viaje

Somos una nación sin estado, justamente porque eso es lo de menos para nosotros; podemos estar repartidas en distintos territorios y aún así compartirlo todo.

En Mi Nación (le seguiré llamando así porque nombrarla “Aguslandia” sería muy egocéntrico) no se bien quién nos cría, pero el azar es el que nos amontona; nos atraemos con buena energía y nos sentimos unidos tras un par de sonrisas (o un par de tragos también, claro). No necesariamente tenemos que compartir un pasado o experiencias comunes, sino que se trata más de cómo encaramos lo que se viene: si sos capaz de mirar con excitación las nuevas posibilidades, si te da un rush de adrenalina atreverte a lo desconocido, si tu primer respuesta ante una propuesta inesperada es “¿Porqué no?”, entonces ya podes ser parte.

Así fue la historia con todas. La primera en “nacionalizarse” fue Cheyenne (a la cual por un malentendido la llamábamos Ashley al principio, y fue tan gracioso descubrir el error que la seguimos nombrando así en adelante). Ya experimentada por haber estado en Ciudad del Cabo el año anterior, ella me despabiló con lo más esencial de la ciudad, lo cual incluía desde dónde encontrar la mejor comida Tex-Mex hasta los recorridos con paisajes más alucinantes, pasando por una tarde viendo cricket sólo porque nos invitaron a entrar al Test Match sin pagar aunque no entendíamos ni lo básico de sus reglas .

Una nacion en movimiento

Por medio de Ashley conocí a Rachel horas previas a su cumpleaños, y aunque no tuvimos ocasión de charlar demasiado esa noche a los pocos días ya estábamos compartiendo comidas y los más diversos planes.

Rachel DesboisLo que más me gusta de esta francesa es que transfunde paz; estando a su alrededor es imposible sentirse alterado ya que su energía todo lo soluciona ¡Y ni hablemos de su voz privilegiada! (que se puede disfrutar en https://soundcloud.com/rachoulle). Una voz que parece a punto de quebrarse continuamente pero que siempre sigue y que no necesita gritar para decirlo todo. Con ella siempre habrá buen vino y paisajes de ensueño, tal vez esa sea la razón por la cual todas las charlas terminan siendo íntimas y profundas…ella sabe cómo crear el clima perfecto.

Voluntariado en SudafricaCon Freya nos conocimos siendo voluntarias en la misma escuela. Tan rubia ella y con ojos de un profundo celeste angelical resalta inmediatamente de lo que nos rodeaba en ese momento. La invité a visitarme a mi otro trabajo y desde entonces fue todo un ida y vuelta de propuestas interesantes. Lo más atractivo de Fry, como le gusta que la llamen, es que detrás de esa fachada de “Sirenita” se encuentra una persona con ideales firmes e ideas claras, de esas que si le interesas no duda en decirte a la cara “creo que te estás equivocando” o “esto que hiciste no me gusta” porque tiene la intención clara de que sigas siendo parte de su vida.

El mundo necesita más gente cómo ella.

La última en llegar a nuestra nación itinerante fue Florence, y lo hizo con una entrada triunfal. Ella es la luz, la desfachatez, la energía que te hace agradecer al universo cada día que exista esa clase de gente y que puedas nutrirte de ella. Flo, como todas nosotras, recuerda con nostalgia los vínculos que dejó dos continentes atrás, pero sabe que vino a África a brindarse voluntariamente y eso hace con toda la alegría que tiene.

Una nacion en movimiento

Ésta es Mi Nación. Parecerá que somos pocos, pero creo que es sólo una cuestión de coincidir. Lo más importante que me enseñó la vida hasta ahora es que las relaciones humanas no se pueden forzar, por eso confío en que muchos más van a llegar. Serán bienvenidos con una sonrisa.

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