Voy a tratar de explicar lo que me pasaba…

Costa Rica me aburrió. En realidad nunca me atrajo demasiado. Siento que no me ofrece un mundo por descubrir; si bien la naturaleza le dio mucho, creo que no tiene una gran personalidad como país, y a mi los lugares intensos me enamoran.

Además,  hace dos años que no estaba quieta en el mismo lugar por tanto tiempo y tengo miedo de empezar a odiar ésto pronto pero no puedo darme ese lujo, porque me comprometí a quedarme en Playa Bejuco hasta mediados de Julio.

Entonces, un día más igual al anterior cruzaba yo el puente sobre el río que divide nuestro inmenso patio y una iguana sin cola corrió a toda velocidad huyendo de éste temible humano (¡si tan sólo supiera que estoy en contra de todo maltrato animal!). Fue hilarante por lo bizarro, y mientras me reía sucedió esa sinapsis explosiva en mi cabeza que siento cada vez que tengo una buena idea sobre la cual escribir.

Básicamente, recordé que todo depende de la óptica con que se lo mire, y que el hecho de haber estado en el mismo lugar por cuatro meses no significaba que no me quedara nada por experimentar. Entonces decidí hacer este experimento para ayudarme a comprender e internalizar que, incluso en un paisaje habitual, hay un mundo por descubrir todos los días.

Mi plan era anotar durante 20 días una cosa al día que haya percibido por medio de alguno de los sentidos y que sea una novedad para mi. Para mi sorpresa, la lista fue de más de 20 cosas y las detallos a continuación:

  • Vi un perezoso durmiendo entre las ramas de un almendro de la playa.
  • Seguí por la playa a una bandada de casi 20 lapas. Todos los días hay alguna pero nunca tantas.
  • Vi un perezoso bebé durmiendo en un almendro cercano a que ví el adulto días atrás.
  • Vi una cría de cocodrilo en la quebrada bajo el puente.
  • Atrapamos una rata y estaba muy enojada encerrada en una trampa viva.
  • Compré tamarindo fresco para hacer el jugo yo misma; no salió cómo los que había probado.
  • Vi otra iguana sin cola, más chiquita y menos graciosa que la primera.
  • Probé carambola; ninguna de las fotos que le saqué me gustó.
  • Vi una gallina comiendo mango, le saqué cien fotos.
  • Navegué en bote por un manglar.
  • Se me subieron monos capuchinos por los hombros a la cabeza.
  • Hice una modificación al código html de la página web.
  • Bañé por primera vez a un perro.
  • Aprendí una técnica eficiente para procesar compost.
  • Vi guayabas en el patio, están muy verdes aún para probar.
  • Toqué granos de kefir.
  • Probé nances. Tienen un sabor entre ciruela y pera. Las ardillas mueren por esa fruta en nuestro patio.
  • Hice limonada de kefir.
  • Vi un dolar de arena entero.
  • Mi amiga Ale me mostró las “cucarachas de mar” y nos pusimos a buscarlas bajo las rocas en la playa.
  • Escuché a una pareja de tucanes en el patio. Apenas se divisaban a lo alto entre las ramas, pero el canto era maravilloso.
  • Juntamos papaya de una plantación. Rompimos sin querer la copa, no sabíamos que el tronco era tan débil.
  • Manejamos en moto 10 km bajo un diluvio y con la cubierta “ponchada”, cómo dicen los Ticos.

Como lector tal vez algunas de éstas cosas te serán comunes y otras impensadas pero lo importante es que todas eran estrenos para mis sentidos.

Un mundo por descubrir
Todas los días mientras desayuno me río viendo a las ardillas comiendo nances en nuestro patio y hoy pude captar a una “in franganti”

Sin duda alguna, este experimento tan simple que me propuse me sirvió para corroborar que incluso cuando el paisaje nos parece habitual, el día a día puede estar lleno de sorpresas. Que no es necesario viajar para tener un mundo por descubrir todos los días.

Me propuse invertir parte de la energía que gastaba antes quejándome (sólo parte de ella, no voy a dejar de quejarme completamente, claro está) en mantener a los sentidos alertas para descubrir más momentos únicos a mi alrededor. Hay lugares que nos hacen ésta tarea más fácil pero lo lindo, lo satisfactorio es cuando también logramos percibir la belleza alrededor de lo pequeño, de lo cotidiano.

Un mundo por descubrir
Las lapas rojas (en Argentina les decimos Guacamayos) son una de esas imágenes cotidianas que no me canso de admirar

Incluso si no hubiera más cosas en nuestro mundo por descubrir, podríamos crearlas nosotros y sacudir así los mundos de los que nos rodean.

Y si hay algo que nos está robando esa chispa, seguramente no lo vale.

 

 

 

6 Replies to “Un mundo por descubrir todos los días

  1. What a beautiful idea, I am going to try your experiment for myself. I need to change my mindset about living in the city, and im sure this will help facilitate that. Have a beautiful and blessed day.

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