“¡Soy oficialmente un hombre libre!” Fue la frase de “A” el día que entró a trabajar más tarde y mejor vestido de lo normal. Yo no entendía de qué hablaba, pensé que mi imperfecto inglés me estaba jugando una mala pasada.

El grupo (éramos unos 15) estalló en felicitaciones y buenos augurios y tímidamente empezaron a surgir las preguntas que estaban en el inconsciente colectivo. Ahí me di cuenta de que había entendido bien, de que a “A”  le acababan de firmar la terminación de su período de libertad condicional.

El ambiente se llenó de preguntas sobre el tema y la conversación se prolongó por horas, pero el que las respondía no era sólo “A”, sino que había otros dos expertos en la sala.

Me detengo en “A” y en “C” porque fueron las historias que más me impactaron descubrir; porque nunca hubiera imaginado que estas dos personas amables, serviciales, que sonríen del principio al final del día hubieran pasado tantos años de su vida entre rejas. Aunque, ¿Cuál es exactamente el estereotipo de un ex-convicto? No lo sé, y me di cuenta de que probablemente nadie de mi círculo social en mi país lo sabe tampoco. Y ¡ojo! que no hablo de ir a la cárcel un par de días por una pelea que se fue de manos, hablo de gente -y acá cito las palabras de “A”- sentenciada por todo lo que imagines excepto asesinato y violación; de gente que ha llegado a extremos tan oscuros de sus vidas que ha sido entregada a la justicia por los suyos.

Reflexiones de viaje

Es fuerte y se va haciendo cada vez más intenso mientras más nos relatan… lo que comían, lo que hacían para pasar el tiempo, la comunicación con el exterior, los bandos internos, las estrategias de supervivencia, y lo que nadie te cuenta: la salida.

Salir, que es tan o más desgarrador que el tiempo servido.  Salir y no poder conseguir un trabajo. Salir y que nadie te alquile un departamento. Salir y no tener derecho a votar. Salir y no ser nada. Salir y, de a momentos, desear no haberlo hecho.

Historias_de_viaje

Estados Unidos tiene el índice de encarcelamiento más alto del mundo y la mayoría de esas personas provienen de los sectores más desfavorecidos de la sociedad: las estadísticas dicen que el 80% del total de encarcelados son afroamericanos y latinos. Asusta la falta de políticas de contención del problema, y el aumento de la cantidad de cárceles privadas hace suponer que dichos programas nunca van a existir.

“A” es adoptado pero sabe que tiene raíces nativo-americanas; “C” es latino. Me pregunto si nacieron en igualdad de oportunidades aquí en el “país de la libertad”.

Según lo que ellos cuentan, al salir sólo quedan dos opciones: seguir siendo la misma persona y volver a caer, tarde o temprano, o cambiar radicalmente. Ellos eligieron esta última y les resultó muy bien. Se rearmaron, recuperaron sus vidas y salieron adelante transformados y hoy son una inspiración para mi.

De ninguna manera ésto es una apología al delito, sino a tomar la vida por las astas.

El mundo está lleno de aves Fénix, de gente resurgida de sus propias cenizas, y esas son a las que aplaudo de pie. También esta lleno de aquellos que al escuchar experiencias así señalan y juzgan muy rápido y se corren, no sé si por miedo o ignorancia.

Es fácil nunca equivocarse, pero caer y levantarse tan dignamente es lo admirable.

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