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Miedo al Miedo

25 mayo, 2020

El mayor miedo amenaza con su regreso.

Lo puedo oler. Lo escucho sisear. Lo siento reptar desde el piso hasta el rincón donde guardo los recuerdos inconscientes.

Me hace doler las entrañas. Se me desordena la respiración. Me estoy empezando a marear. Se nutre de mi y cuando termina me deja tirada en la superficie horizontal más cercana que tenga. A veces un sofá, a veces la bañera. No entiende de tiempos ni respeta etiquetas.

Tengo que estar atenta porque se esconde en el inmigrante que vende flores en el semáforo. Y en la chica que se anima a hacer públicas las vejaciones sobrevividas. O también en el expatriado que extraña su tierra. S

e me infla dentro y me ocupa cada rincón hasta que toda barrera se vence. Justo ahí empieza a fluir desde el centro del alma hasta las mejillas. Y no sólo lo permito sino que hago fuerza, quiero más.

Quiero sentir todo lo que tenga para mi. No puedo elegir no experimentarlo, pero sí puedo elegir en qué enfocar mi atención mientras sucede. Así que le doy mi entera atención a cada detalle. Eso se vuelve mi antídoto. Eso hace que ya que llegó hasta acá me enseñe algo antes de irse.