Nos presentamos. Me dijo su nombre: Clifford y a mi cabeza volvió aquel gran perro rojo que solían mirar mis hermanos por TV en las mañanas; ahora puedo ver no estuve tan desacertada. Un ser amable y tierno, atrapado en un cuerpo humano, que a primera vista asusta pero al cual luego es imposible no querer.

Reflexiones de viaje
Cliff es la palabra inglesa para “acantilado”, accidente geográfico que también lo define.

Es un marginal, de esos que aman estar al borde de un precipicio.Lleva una vida poco convencional y algo alejada de la legalidad, explotando de a ratos su gran talento para la talabartería.

Nos conocimos en Cape Town: él tomando más alcohol de lo debido y siendo algo molesto para los que sólo ven los envases que nos contienen, yo trabajando detrás de la barra era quién me favorecía a la hora de las propinas. Nos reencontramos en el Valle de Coachella, dónde acordamos trabajar en el monstruoso festival homónimo para poder volver a pasar tiempo juntos. El ambiente festivo no ayuda mucho a este tipo de personalidades, mas entre semanas lográbamos parar el ruido externo, con actividades interesantes y charlas profundas. Para acallar el sonido que viene de nuestro interior se necesita mucho más que ésto; ya lo escribió Shakespeare en La Tempestad: “Hell is empty and all the devils are here”(*).

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En el Parque Nacional Joshua Tree, California, USA, buscando arena negra en medio de una profunda oscuridad

Creo que en el fondo todos tenemos una razón para nuestros malos hábitos y comportamientos; creo aún más que poder contar con alguien en esos momentos es lo que marca la diferencia. Me gustaba cruzarlo todas las mañanas, saludarlo con un informal pero cariñoso “Hi weirdo!!”, recibir un “Hola freak!” a cambio y VERLO REIR.

(*)NdR: en castellano “El infierno está vacío, todos los demonios están aquí”

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