Después de varios años de terapia con resultados muy exitosos empecé a repetir como mantra “Si más gente fuera al psicólogo, el mundo sería un lugar mejor”. Ahora, tras un año de viaje haciendo lo que me dicta el corazón lo modifiqué un poco diciendo: “Si más gente hiciera lo que sueña, el mundo sería un lugar mejor”. Pero como la palabra sueño es muy cliché y a los anti-románticos nos provoca rechazo fácilmente prefiero llamarle diablo; si, como dice Babasónicos: “Perdoname, es que no fui con el diablo. La verdad es que no soy nada sin mi diablo”.

Todos tenemos un “diablo” adentro: algo que nos hace circular la sangre, algo que nos emociona, que nos moviliza, que le da vida a nuestros días. El problema es que desde chicos se nos enseña más a obedecer que a pensar, se nos mata la creatividad con ideas como “tenés que estudiar algo que dé plata” y se nos llena de prejuicios.

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Están aquellos que a una temprana edad encuentran cuál es su diablo y consiguen sacarlo a flote, pero para todos los demás el sistema nos tiene preparada una mala pasada si no lo hemos descubierto aún ya que es bastante difícil (téngase en cuenta que no estoy diciendo imposible) desaprender lo aprendido, salirse de lo establecido e ir a perseguirlo.

Uno de los términos que acuñó la saga Harry Potter que más hizo mella en mí son los dementores: esos seres horribles que se alimentan de la felicidad y de los recuerdos alegres, dejando solo la tristeza y la desolación y que también son capaces de quitar el alma de las personas si llegan a darles el “Beso del dementor”.

En lo que nos convertimos viviendo una vida sin diablos/sueños es en autómotas, en personas besadas por dementores.

Posiblemente el impacto se deba a que mientras leía el libro en mi incipiente adolescencia, descubría a los dementores de la vida real: esas personas tóxicas capaces de absorber toda nuestra energía y dejarnos agotados sin que seamos conscientes de ello muchas veces. Ahora más grande entiendo que no sólo tienen la forma de personas sino que también existen lugares dementores: ciudades, pueblos o ambientes de trabajo.

¿Cuál es, entonces, el secreto para cumplir los sueños? Principalmente: ¡Soñar! Darnos la libertad y el tiempo de encontrar nuestro diablo y luego ver la mejor forma de dejarlo salir va a evitar que nos coma por dentro. Escuchar esas pequeñas señales de infelicidad, y no dejar que cierta estabilidad o un buen sueldo las callen. Yo tampoco sabía cuál era el mío, crecí en un pueblo dementor, me eduqué en escuelas dementores y tuve gente dementora muy cercana. Me tildaron de vanidosa, revolucionaria, agitadora y opositora a los valores y durante un tiempo me rendí ante eso,pero mi diablo pudo más; lo encontré en el camino y le di la bienvenida a mi vida porque pude sentir como me hacía revivir.

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Prohibido Pensar

Y tal vez tu diabla te lleve por el “mal camino” de convertirte en una ingeniera-bailarina, o una científica-decoradora, o un licenciado-músico. Podés ser lo que quieras “ahora de grande”, porque seguramente de chico la educación convencional no te dio la posibilidad de siquiera plantearte una existencia sustentada en algo que no se enseña en la currícula básica.

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Lexie, la gata que siempre se sintió pájaro

Si estás leyendo esto es porque tuviste la suerte de ir a la escuela, comida y un techo, un trabajo que pague por internet y eso ya es muchísimo más que lo que un montón de gente tiene en el mundo en este momento. Por eso, lo que no podés, lo que no tenés permitido es desaprovechar tu talento y tu corta existencia en algo que no despierte a tu diablo. Tu infierno puede estar encantador.

 

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