No sos vos, soy yo…

Tuve una relación con Cuba que empezó por descarte. Buscaba un vuelo para volver de Centroamérica a Argentina y Skyscanner actuó de cupido presentándome a la isla como opción económica. Enseguida me entusiasmé y empecé a fantasear con nuestra historia de amor y con recorrer todo Cuba por cuenta propia.

Consumí cuanta página web, libro o documental me pudiera contar algún secreto de ella, escuché su música día y noche y empecé a tomar ron con Coca frecuentemente.

La idealicé. No supe manejarlo. Me equivoqué.

Llegó el día en que un pequeño avión a hélice me dejó en la isla y fue nada más poner un pie fuera del aeropuerto para empezar a desilusionarme.

Me encontré en medio de llamativas construcciones soviéticas y pintorescos autos americanos pero me sentía como en aquel día que tuve que cruzar la terminal marítima de Dar es-Salam, Tanzania, mientras una docena de hombres sudorosos me tironeaban del brazo, se abalanzaban sobre mi equipaje y no me dejaban caminar desesperados por conseguir el pan del día gracias a un turista. Exceptuando el contacto físico, la situación en Cuba fue constantemente así.

Cuba por cuenta propia
No importa cuántos autos antiguos uno vea a diario en Cuba, nunca dejan de fascinar

El común de la gente no resultó contar con la simpatía típica del Latinoamericano y de los que sí eran abiertos y risueños, más de la mitad terminaban pidiendo algo a cambio, desde jabón hasta leche o ropa. No me refiero a una persona evidentemente en condición de calle sino a niños jugando en la vereda a los que un ingenuo “Hola” de mi parte les servía para pedirnos dinero “en divisa” (la moneda que tiene valor nominal equivalente al dólar americano) o a personas que estaban realizando sus quehaceres domésticos y por el sólo hecho de ver pasar a un turista soltaban la escoba y corrían al grito de “Habanos, taxi, masajes” como si todo lo mismo dara.

Cada vez que me pedían el doble de dinero por algo que alguien acababa de comprar en mis narices por la mitad empezaba la lucha diaria de ponerme a explicarle que quería pagar un precio justo, que no soy rica, que no estoy de vacaciones, que viajar es casi como mi trabajo, que si tuviera dinero estaría en un resort y no comiendo pan con queso en la calle, etc, etc, etc.

Mi amor se iba desvaneciendo porque mi realidad no era compatible con lo que ellos esperaban de mí.

Al quinto día en la isla y tras sólo media hora de llegar a Santiago de Cuba antes de que siquiera despuntara el alba en las calles que olían a carnaval, alguien me arrebató el teléfono celular de la mochila y esa fue la gota que rebalsó el vaso. Mi historia de amor con Cuba estaba condenada al fracaso.

Cuba por cuenta Propia
No logré amigarme con las calles de Santiago de Cuba después de su mala recibida

Sé que te quiero pero no puedo darte lo que necesitas…

Nadie me había contado que en estas tierras de arenas blancas y aguas cristalinas aquel que se aventura con un bajo presupuesto tiene todas las de perder. Y es que, pensándolo bien, no conocí de primera mano a alguien que haya visitado la isla en plan low-cost sino que para la mayoría es un lugar de descanso y desconexión más que el experimento sociológico en que yo suelo convertir mis viajes.

¿Debería haberlo supuesto? Considerando mi presupuesto, puede ser que haya sido un poco ingenua.

Voy a contextualizar la situación para no marear: en Cuba tuve que pagar alojamiento por el 100% de las noches, cosa que nunca hago en los países que visito, ya que nadie en el país puede hospedar gente en sus casas sin tener la debida habilitación del Estado (y aún si la obtienen deben pagar un elevadísimo impuesto mensual ya que se lo considera actividad comercial), razón por la cual no existe el trabajo voluntario a cambio del alojamiento ni economías colaborativas tipo Couchsurfing.

Por eso, y teniendo en cuenta un pantallazo general de los precios que otros bloggers habían publicado recientemente sobre el país es que establecí un presupuesto diario máximo de USD20. Es decir que en mis 25 días recorriendo Cuba por cuenta propia iba a gastar lo mismo que paga el turista promedio por un día y medio de alojamiento en un resort.

Leíste bien: 1,5 días en resort = 25 días en modo Agus

Cuba por cuenta propia
El frente de la Casa Particular que nos hospedó en Matanzas…juro que el interior era (un poco) mejor

Cuando definí este presupuesto, lo hice basándome en las siguientes premisas:

  • Existen dos monedas de circulación en Cuba, la Moneda Nacional (MN) y el Peso Cubano Convertible (CUC); ésta última fue introducida en 1994 con la intención de ser usada por los turistas evitando así que el Dólar Americano circule por las calles y equivale a 25 pesos en Moneda Nacional (1CUC=25MN), variando hasta 23 dependiendo de adónde se efectúe el cambio. Sin embargo, los turistas también pueden usar la Moneda Nacional libremente.
  • Los sueldos de los cubanos rondan entre los 10 y 40 CUC, llegando a los 60 en los mejores de los casos, por lo que el doble de un sueldo básico debería permitirme comer, dormir y transportarme tranquilamente.

 

Lo que no tuve en cuenta es que eso de “vivir sin tener precio” había muerto con el Che y que lo vigente en la isla es más parecido a la enseñanza que nos dejó Demi Moore en Propuesta Indecente: todos tenemos un precio.

Así, cuando me hospedé en una casa particular que sólo estaba autorizada para alquilar a cubanos y sin embargo su dueño, un ex guerrillero del Movimiento 26 de Julio que había luchado en Sierra Maestra, decidió albergarnos igual “para ayudarnos” pude ver que hasta el cubano más adepto al régimen comunista hace lo posible por burlar al sistema. Un sistema que los condiciona, los limita y que, por injusto, los volvió un pueblo codicioso y calculador.

Y así, tratando de mantenerme dentro del presupuesto desafiante que me había autoimpuesto, me encontraba peleando precios desde el momento en que ponía un pie en la calle en la mañana hasta el final del día. Ese final muchas veces llegaba anticipadamente junto con el caer del sol simplemente por estar agotada de haber estado bajo el calor abrasador y en disputa con la ambición humana durante todo el día sin demasiado éxito.

En esos días, además, entendí el papel crucial que tiene el ron y la música en la sociedad cubana y agradecí al universo que las dos cosas fueran de tan buena calidad y económicas porque de esa forma cada noche, sentados en una vereda cualquiera o en el malecón de alguna ciudad con mar, anestesiábamos el anochecer de un día agitado.

Cuba por Cuenta Propia
Los cigarros y el ron nunca escasean en la isla

Igual… podemos ser amigos

Diez de la mañana en La Habana. El sol amenaza con partir la Tierra al medio y se complota con el cemento para lograr una sensación térmica que supera los 40°C.Un par de niños juegan béisbol improvisado con trozos de tablas de madera. Un señor lleva un cerdo descuartizado en una bici-taxi. Una señora limpia los restos de arroz de su plato y los arroja a la calle desde el balcón de un tercer piso. Un grupo de hombres miran libidinosos a unas turistas que pasan caminando. La música suena muy fuerte desde distintas casas y las melodías se mezclan en el aire viciado. Mucha gente de todas las edades sentados en los umbrales de sus casas miran para afuera sin observar demasiado. Hay olor a cigarrillo mezclado con basura en cada esquina. Respiro hondo, tomo coraje y me zambullo en esta postal.

Cuba por cuenta propia

Invariablemente de en qué ciudad o a qué hora se la mire, la isla siempre parece detenida en el tiempo y yo tuve la disparatada idea de vivir 25 días como un cubano. Si bien fue de las experiencias más estresantes de estos dos años de viajera, me alegro de haberlo experimentado.

Hace ya más de un mes de ésto y aún me cuesta acomodar las ideas y saber por dónde empezar a escribir sobre todo lo vivido pero haciendo un balance y tratando de ser neutral puedo decir que viajar a Cuba por cuenta propia necesita de mucha paciencia y que si bien no fue uno de mis grandes amores, aún podemos ser buenos amigos.

Aún me queda mucho por escribir sobre todo lo que hay para ver y conocer en Cuba por cuenta propia y sobre las historias encantadoras con que me crucé en el camino. Mientras tanto leo las suyas.

 

7 Replies to “Cuba y yo: una historia de desamor

  1. Yo nunca he estado en la isla y me gusta saber que esperar en caso de ir, gracias por tus impresiones y las fotografias me encantaron. Saludos desde Costa Rica.

  2. Agus. Hermoso relato de tu vivencia en esa isla. Aunque mi experiencia fue distinta ya que viaje de otro modo, comparto cada punto de vista que expresas. Muy triste estar inmersos en esa sociedad. Solo la música los ayuda a sobrellevar tanto desamparo. Seguí subiendo tus relatos y bellas fotos. Bs. Teach.

  3. Hola yo he viajado a cuba del mismo modo que vos y tuve demaciada suerte por lo que veo. Conoci gente muy buena y bella de alma. No tengo quejas en cuanto a cuba. Todos sabemos que quedaro en los 50. Si vas a cuba hay que adaptarse al igual que a cualquier pais que vallas. Aca en argentina la corrupcion e inseguridad que hay es mucho peor que la pobreza que tiene cuba. Yo me cruce con gente muy culta y educada. Quizas pir la forna en que viajamos y como andabamos por las calles no nos trataron como burgueses. Nos hemos olvidado una camara fotografica en una heladeria cuando recorrimos museos y nos gritaron por casi una cuadra para devolverla. En este pais estan al asecho esperando que te levantes para tomar lo que te olvidaste.

    • Si, es verdad que la seguridad es algo que se disfruta y se rescata mucho de Cuba, caminar por las calles a cualquier hora sin tener miedo es impagable.

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